DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO -2026-

Ambientación inicial:

Bienvenidos a nuestra celebración. Hoy vamos a escuchar el resumen perfecto que hace Jesús de los mandamientos: amar a Dios y al prójimo. Nada ha cambiado. Eso sí, tenemos que actualizar hoy, en nuestro mundo y ambiente, cómo hacer posible ese amor a Dios y al hermano. Ojalá salgamos transformados de la celebración, dispuestos a querernos más y a sonreír un poco más.

Rito del perdón:

  • Porque no siempre Dios es lo más importante para nosotros. Señor, ten piedad.
  • Porque hablamos de Ti, pero no eres el centro de nuestra existencia. Cristo, ten piedad.
  • Porque somos duros de corazón y nos cuesta amar y perdonar a quien nos ofende. Señor, ten piedad.

Ambientación a la Palabra

El libro del Éxodo nos recuerda que no podemos separar en nuestra vida la fe y la realidad cotidiana: Creer y vivir lo que creemos. El Dios vivo y verdadero, nos dice san Pablo, pide que renunciemos a costumbres antiguas. Jesús sentencia que el amor a Dios y al prójimo es la síntesis de toda la Ley y de los Profetas. La plenitud de la verdadera religión está en saber unir la fe en Dios con el amor a esa persona que está a tu lado.

Primera Lectura: Éxodo 22, 20-26

Así dice el Señor: «No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá m¡ ira y os haré morir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos. Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándole intereses. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo».

Salmo Responsorial: Salmo 17 (18), 2-4.47.51

℟. Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;

Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.

℟. Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.

Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,

mi fuerza salvadora, mi baluarte.

Invoco al Señor de mi alabanza

y quedo libre de mis enemigos.

℟. Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,

sea ensalzado mi Dios y Salvador.

Tú diste gran victoria a tu rey,

tuviste misericordia de tu Ungido.

Segunda Lectura: 1 Tesalonicenses 1, 5c-10

Hermanos: Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la palabra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya. Desde vuestra Iglesia, la palabra del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas partes. Vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.

 Aleluya

El que me ama guardará mi palabra -dice el Señor-,

y mi Padre lo amará, y vendremos a él.

R. Aleluya.

Evangelio: Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba:

«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?».

Él le dijo:

«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente».

Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:

«Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas».

Oración de los fieles:

“Te rogamos, oyénos”.
  • Por la Iglesia para que tenga entrañas de misericordia con todas las personas, especialmente con los más débiles y vulnerables. Roguemos al Señor.
  • Por los que tienen una misión especial en la Iglesia, para que lo hagan con un corazón amplio y evangélico. Roguemos al Señor.
  • Por los que gobiernan los pueblos, para que no les mueva el interés personal o de grupo sino el bien de la sociedad, en especial de los que menos cuentan. Roguemos al Señor.
  • Por todos los que buscan hacer el bien sin mirar a quien, para que se mantengan en su empeño de buscar el bien común. Roguemos al Señor.
  • Para que cesen las guerras y todo lo que contrario a la convivencia, el diálogo, la justicia y la fraternidad. Roguemos al Señor.
  • Por todos los que quieren creer y no pueden; por todos los que buscan a Dios; por todos los que quieren un sentido para su vida. Roguemos al Señor.
  • Por nuestra comunidad, para que las conclusiones de la Asamblea Parroquial se pongan en marcha, en bien de cada uno y toda la Parroquia. Roguemos al Señor.

Oración después de la comunión

La fe acaba en la oración, y comienza en la calle.

Las manos están prontas cuando se acaba de orar.

¿Dios es el enemigo del hombre?

¿El hombre es el enemigo de Dios? 

Dios y el hombre caminan juntos

en la calle y en la plegaria.

¿Puedo creer sin amar?

¿Puedo mar sin creer?

¿Puedo creer para amar?

¿Puedo mar para creer?

Jesús nos lo dice claro,

como hablaba Él.

Sin medias tintas,

para que todos lo entiendan.

Ama a Dios y ama al prójimo.

Esa es la vida humana,

esa es la ley de Dios,

esa es la voz de los profetas.