La finalidad de la catequesis es que todo hombre y mujer puedan experimentar la presencia de Dios en sus vidas. Es un camino de crecimiento y maduración en la fe en un contexto comunitario-eclesial que informa la mente y toca el corazón llevando a la persona a abrazar a Cristo de modo pleno. Por medio de la catequesis podemos captar el plan de Dios-Padre centrado en la persona de Cristo en la propia vida cotidiana; además de descubrir el significado último de la existencia y de la historia.

Vemos la catequesis como un proceso continuado, no sectorial ni para el sacramento, sino para vida desde la comunidad cristiana.

Toda la comunidad cristiana es la responsable de la catequesis, ya que la catequesis es un aspecto de la evangelización. Y la Iglesia toda es la que evangeliza, aunque hay que reseñar, de manera especial, la labor del catequista.

“La Iglesia reconoce en el catequista una forma de ministerio que, a lo largo de la historia, ha permitido que Jesús sea conocido de generación en generación. La Iglesia ve en esta porción del Pueblo de Dios a esa cadena de testigos de la que nos habla el Catecismo de la Iglesia Católica: El creyente que ha recibido la fe de otro es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros”. (Papa Francisco).