Domingo X del Tiempo Ordinario ciclo B

Ambientación inicial:

Nos reunimos en el nombre del Padre, que nos convoca y llama a ser seguidores de Jesús, y nos da la fuerza de su Espíritu que acude en ayuda de nuestra debilidad. En esta casa, de la familia grande, la Iglesia, acogemos la Palabra que nos ilumina y sostiene, y queremos compartirla y hacerla vida en nosotros. Bienvenidos

Rito del perdón:

  • Tú, Señor, que caminas a nuestro lado, pero nos cuesta reconocerte en medio de la vida. Señor, ten piedad.
  • Tú, Señor, nos das a Jesús resucitado, fundamento de nuestra fe. Cristo, ten piedad.
  • Tú, Señor, que quieres hacer de nosotros una familia. Señor, ten piedad.

Ambientación a la Palabra:

La lectura del libro del Génesis nos ayuda a profundizar en el misterio del corazón humano. En la carta a los Corintios de San Pablo nos dice que el cristiano no vive de puertas, sino que su morada está en Dios mismo. El evangelio, Jesús afirma que ha venido a fundar una nueva familia, unida, no por los lazos de parentesco, títulos nobiliarios o posición social, sino por el “hacer la voluntad del Padre”.

Lectura del libro del Génesis

Cuando Adán comió del árbol, el Señor Dios lo llamó y le dijo:
«¿Dónde estás?».
Él contestó:
«Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí».
El Señor Dios le replicó:
«¿Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?».
Adán respondió:
«La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí».
El Señor Dios dijo a la mujer:
«¿Qué has hecho?».
La mujer respondió:
«La serpiente me sedujo y comí».
El Señor dijo a la serpiente:
«Por haber hecho eso, maldita tú
entre todo el ganado y todas las fieras del campo;
te arrastrarás sobre el vientre
y comerás polvo toda tu vida;
pongo hostilidad entre ti y la mujer,
entre tu descendencia y su descendencia;
esta te aplastará la cabeza
cuando tú la hieras en el talón».

R/.    Del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R/.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto. R/.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora. R/.

Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos. R/.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios

Hermanos:
Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros entre él.
Pues todo esto es para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios.
Por eso, no nos acobardamos, sino que, aun cuando nuestro hombre exterior se vaya desmoronando, nuestro hombre interior se va renovando día a día.
Pues la leve tribulación presente nos proporciona una inmensa e incalculable carga de gloria, ya que no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; en efecto, lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno.
Porque sabemos que si se destruye esta nuestra morada terrena, tenemos un sólido edificio que bien de Dios, una morada que no ha sido construida por manos humanas, es eterna y está en los cielos.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, Jesús llegó a casa con sus discípulos y de nuevo se juntó tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí. Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían:
«Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios».
Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas:
«¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.
En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre».
Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.
Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.
La gente que tenía sentada alrededor le dice:
«Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».
Él les pregunta:
«¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?». Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».

Oración de los fieles:

  • Por la Iglesia, para que no cese de luchar contra el mal, y resplandezca en ella el amor de Dios a todas las personas. Roguemos al Señor.
  • Por los que deciden sobre el destino de los pueblos, para que actúen con justicia y equidad, no desde los intereses personales. Roguemos al Señor
  • Para que la sociedad no caiga en la tentación de la intransigencia, de las mutuas condenas y haya más comprensión entre todos. Roguemos al Señor.
  • Por las personas que son calumniadas, perseguidas, cuyo buen testimonio es tergiversado. Roguemos al Señor.
  • Por los que luchan contra el mal y por los que se dejan vencer por él. Roguemos al Señor.
  • Por todos nosotros, para que seamos portadores ilusionados de la Buena Noticia del Dios con nosotros. Roguemos al Señor.

Oración después de la comunión

Señor,
Tú que me has hecho peregrino de ilusiones,
no dejes yermo mi horizonte.
Pon signos,
brotes,
flores, 
hojas y colores,
hombres y mujeres
que me hablen de Ti
y de tus amores
y alimenten mis necesidades.
Pero no me des oasis permanentes,
llenos de descanso y paz,
que invitan a quedarse.
Sólo anhelo
quitarme el polvo del camino,
curar las heridas,
refrescarme, limpiar estos ojos cegados,
reparar un poco las fuerzas,
compartir con otros caminantes,
cargar con lo imprescindible…
y salir, nuevamente,
para no perder la identidad que me diste.
¡Para seguir siendo peregrino de ilusiones
allá donde me pongas o dejes!