Primer Domingo de Adviento Ciclo B

Ambientación (Monitor)

Comenzamos nuestra celebración con cambios en nuestro templo: los colores, la decoración, los signos (Corona de Adviento, reloj, las frases “ESPERANDO” Y “ TÚ, ¿QUÉ ESPERAS?” )… Iniciamos hoy el tiempo de preparación a la venida del Señor Jesús, el Adviento. Todo lo que vamos a ir celebrando en estas próximas semanas será anuncio de este recorrido que hacemos hacia “el que viene”, pero también presencia “del que está”; será camino hacia el Señor glorioso y apertura al Señor que se acerca.
Despertemos del sueño y mantengamos una actitud vigilante, llenemos nuestros corazones de esperanza porque  el Señor hace nuevas todas las cosas. Comencemos alegres nuestra celebración gritando: ¡Ven, señor Jesús!

Sacerdote:    Vamos a bendecir las coronas de Adviento y encendemos la primera vela.

Oremos: Señor Jesús, en este tiempo en que nos preparamos a tu venida queremos que nos muestres el camino con la pequeña luz de estas velas, que iremos encendiendo a  lo largo del Adviento. Te pedimos que nos ilumines, que podamos ver nuestro interior, que nos mantengamos despiertos para ello. Que podamos ver tu presencia en nuestros hermanos.
Bendice, Señor, estas coronas que hemos preparado como signo de esperanza y de apertura. Bendice esta primera vela como espera de los tiempos  nuevos en los que, limpios de nuestros despistes y dejaciones, sepamos abrirnos a tu voluntad, viviendo con tus mismos sentimientos. Por Jesucristo nuestro Señor. (Bendición con agua)

 Canto

Rito del perdón:
  • Principio y fin de la historia. Señor, ten piedad.
  • Culmen del mundo y de todo el universo. Cristo, ten piedad.
  • Alfa y Omega de la vida de la tierra y de la humanidad. Señor, ten piedad.
Ambientación a la Palabra:

Las lecturas de hoy nos invitan a permanecer despiertos con muchas imágenes sugerentes y reveladoras. El profeta Isaías nos hablará de hojas, de barro y de alfareros. Pablo de dones y fidelidades. Marcos de amigos y porteros. Dios nos comunica vida, nos regala savia, nos ofrece recrearnos, nos enseña cómo estar a la puerta. Es su don y su fidelidad los que hacen que podamos estar preparados a su venida. Es nuestra fe y nuestra esperanza la que nos consolida en la espera.

Lectura del libro de Isaías.

TÚ, Señor, eres nuestro padre,
     tu nombre desde siempre es «nuestro Libertador».
¿Por qué nos extravías, Señor, de tus caminos,
     y endureces nuestro corazón para que no te tema?
Vuélvete, por amor a tus siervos
     y a las tribus de tu heredad.
¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses!
En tu presencia se estremecerían las montañas.
«Descendiste, y las montañas se estremecieron».
Jamás se oyó ni se escuchó,
     ni ojo vio un Dios, fuera de ti,
     que hiciera tanto por quien espera en él.
Sales al encuentro
     de quien practica con alegría la justicia
     y, andando en tus caminos, se acuerda de ti.
He aquí que tu estabas airado
     y nosotros hemos pecado.
Pero en los caminos de antiguo
     seremos salvados.
Todos éramos impuros,
     nuestra justicia era un vestido manchado;
     todos nos marchitábamos como hojas,
     nuestras culpas nos arrebataban como el viento.
Nadie invocaba tu nombre,
     nadie salía del letargo para adherirse a ti;
     pues nos ocultabas tu rostro
     y nos entregabas al poder de nuestra culpa.
Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre,
     nosotros la arcilla y tú nuestro alfarero:
     todos somos obra de tu mano.

R/.   Oh, Dios, restáuranos,
        que brille tu rostro y nos salve.

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña.
Cuida la cepa que tu diestra plantó,
y al hijo del hombre que tú has fortalecido.   R/.

Pastor de Israel, escucha;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece;
despierta tu poder y ven a salvarnos.   R/.

Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.   R/.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

HERMANOS:
A vosotros gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Doy gracias a mi Dios continuamente por vosotros, por la gracia de Dios que se os ha dado en Cristo Jesús; pues en él habéis sido enriquecidos en todo: en toda palabra y en toda ciencia; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo, de modo que no carecéis de ningún don gratuito, mientras aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
Él os mantendrá firmes hasta el final, para que seáis irreprensibles el día de nuestro Señor Jesucristo.
Fiel es Dios, el cual os llamó a la comunión con su Hijo, Jesucristo nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
   «Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.
Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!».

Oración de los fieles, respondemos: VEN, Señor Jesús.

  • Adviento es tiempo de vigilancia, de espera de una tierra y un cielo nuevo, pedimos para que el lamento de los hombres y mujeres de nuestro tiempo nos urjan a su acercamiento y a la llegada de una humanidad reconciliada. Oremos
  • Por toda la Iglesia, el papa, los obispos, las comunidades religiosas y las parroquiales, para que se abran a Ti y vislumbren tu paso por sus vidas. Oremos.
  • Por los gobernantes, para que, “practiquen el derecho y la justicia” con los más débiles y vulnerables como fundamento del bien común. Oremos
  • Por las víctimas de la opresión, la injusticia, la pandemia y la indiferencia de nuestro mundo, para que el Dios de los pequeños sea presencia cálida en sus vidas. Oremos.
  • Por todos los pueblos de la tierra, para que sean capaces de dialogar y ponerse de acuerdo en el servicio a los más necesitados de la sociedad. Oremos
  • Por nuestra comunidad parroquial, para que sepamos discernir lo que nos pides en entrega a Ti y a los demás. Oremos.
Después de la comunión

Despierta, Señor, nuestros corazones,
que se han dormido en cosas triviales
y ya no tienen fuerza para amar con pasión.
Despierta, Señor, nuestra ilusión,
que se ha apagado  con pobres espejismos
y ya no tiene sueños que esperar.
Despierta, Señor, nuestras ansias de felicidad,
porque nos perdemos en múltiples ocupaciones
y no saboreamos el latido cotidiano del corazón.
Despierta, Señor, nuestra inquietud
y haznos ciudadanos responsables.
Despierta, Señor, la amistad gratuita.
Despierta, Señor tu palabra nueva,
que nos libre de tantos anuncios y promesas
y nos traiga tu claridad evangélica.
Purifícanos por fuera y por dentro,
y enséñanos a vivir despiertos.