DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO (04-X-2020)

Ambientación inicial:

Con este primer domingo de octubre, nuestra comunidad intenta volver a lo que podríamos llamar normalidad, dentro de la circunstancias actuales. Retomamos el curso, y los grupos y actividades se ponen en marcha, aunque sea con ciertas limitaciones.
Celebremos en la Eucaristía, llenos de alegría y esperanza, el encuentro de la comunidad que camina conjuntamente en el proyecto del Reino de Dios y el compromiso de dar frutos abundantes de justicia y de bien.

Ambientación a la palabra:

El profeta Isaías, en la primera lectura, habla de los mimos y cuidados de Dios para con su viña Israel, de la que esperaba frutos de justicia y, por el contrario, recibió los agrazones de la violencia. En la segunda lectura, San Pablo anima a los Filipenses a poner todos sus dones en acción para el bien común, pero con sosiego y mucha alegría. La parábola del evangelio nos pone frente a las consecuencias de la ambición sin medida y, al mismo tiempo, nos invita a responder con nuestro amor al amor gratuito de Dios.

Lectura del libro de Isaías. Is 5, 1-7

VOY a cantar a mi amigo
     el canto de mi amado por su viña.
Mi amigo tenía una viña en un fértil collado.
La entrecavó, quitó las piedras y plantó buenas cepas;
     construyó en medio una torre y cavó un lagar.
Esperaba que diese uvas, pero dio agrazones.
Ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá,
     por favor, sed jueces entre mí y mi viña.
¿Qué más podía hacer yo por mi viña que no hubiera hecho?
¿Por qué, cuando yo esperaba que diera uvas, dio agrazones?
Pues os hago saber lo que haré con mi viña:
     quitar su valla y que sirva de leña,
     derruir su tapia y que sea pisoteada.
La convertiré en un erial: no la podarán ni la escardarán,
     allí crecerán zarzas y cardos,
     prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.
La viña del Señor del universo es la casa de Israel
     y los hombres de Judá su plantel preferido.
Esperaba de ellos derecho, y ahí tenéis: sangre derramada;
     esperaba justicia, y ahí tenéis: lamentos.

R/.   La viña del Señor es la casa de Israel. Sal 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20

        V/.   Sacaste una vid de Egipto,
                expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste.
                Extendió sus sarmientos hasta el mar,
                y sus brotes hasta el Gran Río.   R/.

        V/.   ¿Por qué has derribado su cerca
                para que la saqueen los viandantes,
                la pisoteen los jabalíes
                y se la coman las alimañas?   R/.

        V/.   Dios del universo, vuélvete:
                mira desde el cielo, fíjate,
                ven a visitar tu viña.
                Cuida la cepa que tu diestra plantó.
                y al hijo del hombre que tú has fortalecido.   R/.

        V/.   No nos alejaremos de ti:
                danos vida, para que invoquemos tu nombre.
                Señor, Dios del universo, restáuranos,
                que brille tu rostro y nos salve.   R/.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses. Fil 4, 6-9

HERMANOS:
Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.
Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.
Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra.
Y el Dios de la paz estará con vosotros.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo. Mt 21, 33-43

EN aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.
Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.
Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».
Le contestan:
«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».
Y Jesús les dice:
«No habéis leído nunca en la Escritura:
“La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente”
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

Oración de los fieles:

  • Por el papa, los obispos, los sacerdotes y laicos, para que cuidemos con esmero a la Iglesia que, como viña, Dios nos ha regalado. Roguemos al Señor.
  • Por los que tienen el poder de dirigir los destinos de los pueblos y las personas, para que respeten sus derechos con justicia y cuiden especialmente de los más débiles y vulnerables. Roguemos al Señor.
  • Por los que se sienten rechazados por la sociedad, para que reciban el abrazo de los que luchan por una sociedad justa. Roguemos al Señor.
  • Por nuestras comunidades, para que sepamos agradecer todo lo que Dios hace por nosotros, su viña. Roguemos al Señor.
  • Por los niños, adolescentes y jóvenes que participan en los grupos de catequesis de iniciación en nuestra parroquia, para que descubran que seguir a Jesús y trabajar por su Reino llena la vida de una gran alegría. Roguemos al Señor.
  • Por todos nosotros, para que sepamos acoger todo lo noble, justo, puro, amable y loable que hay en el mundo y en la sociedad, como venido de la mano de Dios. Roguemos al Señor.

Después de la Comunión

Nos dijeron un día: “Se acabaron los sueños”.
Pero aún podemos soñar
mientras quede un niño en el mundo
y un rayo de luz en el firmamento.

Nos manifestaron: “Estáis equivocados”.
Pero aún podemos buscar la verdad
mientras sigamos compartiendo
y no cerremos las puertas al diálogo.

Nos certificaron: “No valéis para nada”.
Pero aún podemos esperar
mientras sigamos caminando
y atisbando el futuro entre la niebla.

Nos aseguraron: “Terminaréis fracasando”.
Pero aún nos quedan fuerzas
mientras haya pobres en la cuneta
y corazones solidarios.

Nos llamaron: “Pobres ilusos”.
Pero aún tenemos dignidad
mientras alguien nos vea como hermanos
a pesar de nuestra debilidad.

Padre nuestro, que conoces nuestros sueños,
no nos dejes caer en la tentación
de no creer ya en tu Espíritu ni en nosotros
y líbranos del canto de las sirenas y del “malo”