III DOMINGO DE ADVIENTO CICLO A

Ambientación inicial:

El tiempo de Adviento es tiempo de esperanza. Así lo estamos celebrando estos domingos. La esperanza del Adviento desemboca en la alegría de la Navidad.; una alegría para compartir y transmitir. La alegría profunde que nace del Espíritu, y permanece en nosotros. Vivamos la eucaristía como experiencia de Dios que nos hace vivir la alegría.

Encendido de la tercera vela

¿Cómo no estar alegres si nos anuncia Juan que es el Señor quién se acerca?
¿Cómo no estar alegres, si en medio de las tinieblas de nuestra sociedad, hay pequeñas luces que la iluminan?
¿Cómo no estar dispuestos a rechazar un consumo innecesario que va aniquilando el planeta y desvirtuando la Navidad al no dejar sitio al Señor?
Encendemos esta tercera vela, porque el Señor está cerca, la humanidad le espera, su pequeño pueblo lo acogerá mientras grita:
¡Ven, Señor, ¡no tardes!

Ambientación a la Palabra:

Mientras esperamos la venida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo, se nos anuncian días de alegría y curación, fiestas de gozo y salvación, días de alegría desbordante porque el Señor visitará a su pueblo. Su presencia llenará de vida a cojos, ciegos, sordos¡, leprosos, enfermos. Desiertos y yermos, páramos y estepas se alegrarán.

Lectura del libro de Isaías.

ΕL desierto y el yermo se regocijarán,
se alegrará la estepa y florecerá,
germinará y florecerá como flor de narciso,
festejará con gozo y cantos de júbilo.
Le ha sido dada la gloria del Líbano,
el esplendor del Carmelo y del Sarón.
Contemplarán la gloria del Señor,
la majestad de nuestro Dios.
Fortaleced las manos débiles,
afianzad las rodillas vacilantes;
decid a los inquietos:
«Sed fuertes, no temáis.
¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite,
la retribución de Dios.
Viene en persona y os salvará».
Entonces se despegarán los ojos de los ciegos,
los oídos de los sordos se abrirán;
entonces saltará el cojo como un ciervo.
Retornan los rescatados del Señor.
Llegarán a Sion con cantos de júbilo:
alegría sin límite en sus rostros.
Los dominan el gozo y la alegría.
Quedan atrás la pena y la aflicción.

Salmo:

Ven, Señor, a salvarnos.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sion, de edad en edad. R/.

Lectura de la carta del apóstol Santiago.

Hermanos, esperad con paciencia hasta la venida del Señor.
Mirad: el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía.
Esperad con paciencia también vosotros, y fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca.
Hermanos, no os quejéis los unos de los otros, para que no seáis condenados; mirad: el juez está ya a las puertas.
Hermanos, tomad como modelo de resistencia y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle
«¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».
Jesús les respondió:
«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo:
los ciegos ven y los cojos andan;
los leprosos quedan limpios y los sordos oyen;
los muertos resucitan
y los pobres son evangelizados.
¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».
Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:
«¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito:
«Yo envío a mi mensajero delante de ti,
el cual preparará tu camino ante ti».
En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él».

Oración de los fieles, respondemos: “Ven a salvarnos, Señor”
  • Por la Iglesia, para que sepa transmitir la alegría que procede de la fe. Oremos.
  • Pidamos por la sociedad y sus gobernantes, para que en sus decisiones prime el bien común frente a otros intereses. Oremos.
  • Por todas las personas cansadas, debilitadas y empobrecidas, y las que sufren por cualquier motivo, para que el Espíritu de Jesús dé sentido a sus vidas. Oremos.
  • Por todos los que están al servicio del Reino de Dios, buscando su justicia, para que den sostén y esperanza a los más débiles. Oremos.
  • Por nuestra comunidad parroquial y todos sus grupos, para que sepamos llevar la alegría a todas las personas con las que nos encontremos. Oremos.
Después de la comunión:

Ven, Señor Jesús,
llena de asombro la esperanza de los niños
y vuelve a alegrar la esperanza de los adolescentes.
Aumenta la esperanza de los jóvenes,
haz que puedan soñar un futuro de justicia y de paz.
Despierta la esperanza en los adultos.
Reaviva la esperanza de los ancianos.
que no vivan sólo de recuerdos
y se sientan todavía útiles.
Defiende la esperanza de los inmigrantes
que sueñan un mundo sin prejuicios.
Que, en nuestra comunidad, aquí,
en la Palabra, en el Pan
y en nuestros rostros
te puedan encontrar todos los que te buscan.