Domingo XXX Tiempo Ordinario ciclo C

Ambientación inicial:

Celebramos hoy la Jornada Mundial de las Misiones, el “Domingo Mundial de la Propagación de la Fe”, que en España conocemos con el nombre de Domund. Esta jornada nos recuerda que la misión de Cristo Redentor, confiada a la Iglesia, está aún lejos de cumplirse y que debemos comprometernos con todas nuestras energías en esta tarea, porque a cada uno de nosotros se nos ha dicho: “Seréis mis testigos”.

Rito del perdón:

  • Porque no terminamos de agradecer el amor que Dios nos tiene. Señor, ten piedad.
  • Porque nos apoyamos en nuestras obras para exigir a Dios su salvación. Cristo, ten piedad.
  • Por muestras faltas de fe, esperanza y amor. Señor, ten piedad.

Ambientación a la palabra:

Si realmente le damos la autoridad que tiene a la Palabra de Dios, ella nos ilumina para enseñarnos cuánto nos ama Dios, qué tipo de amor es el suyo y nos ayuda a transformarnos, por dentro, desde la experiencia que brota de la boca de Cristo Jesús: el pecador bajó a su casa justificado.

Lectura del libro del Eclesiástico.

EL Señor es juez,
y para él no cuenta el prestigio de las personas. Para él no hay acepción de personas en perjuicio del pobre, sino que escucha la oración del oprimido. No desdeña la súplica del huérfano, ni a la viuda cuando se desahoga en su lamento. Quien sirve de buena gana, es bien aceptado, y su plegaria sube hasta las nubes.
La oración del humilde atraviesa las nubes, y no se detiene hasta que alcanza su destino.
No desiste hasta que el Altísimo lo atiende, juzga a los justos y les hace justicia.
El Señor no tardará.

El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.

El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. R/.

El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
El Señor redime a sus siervos
no será castigado quien se acoge a él. R/.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo.

QUERIDO hermano:
Yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente.
He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe.
Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.
En mi primera defensa, nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron. ¡No les sea tenido en cuenta!
Mas el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, a través de mí, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todas las naciones. Y fui librado de la boca del león. El Señor me librará de toda obra mala y me salvará llevándome a su reino celestial.
A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola a algunos que confiaban en si mismos por considerarse justos y des preciaban a los demás:
«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: «Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo».
El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo:
«¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador».
Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Oración de los fieles:

  •  Por la Iglesia, para que sea cada vez más consciente de que su cometido fundamental es dirigir la mirada de toda la humanidad hacia el misterio de Cristo. Roguemos al Señor.
  • Por nuestros pastores, de manera especial por el papa Francisco y por nuestro obispo Carlos, para que no dejen de predicar a Cristo crucificado, único Redentor del hombre. Roguemos al Señor
  • Por los misioneros, para que se dejen modelar por el Espíritu Santo como auténticos testigos de Cristo, con la docilidad de la Virgen María. Roguemos al Señor.
  • Por los jóvenes, para que se ofrezcan a ser testigos del Resucitado y constructores de la civilización del amor. Roguemos al Señor.
  • Por todos aquellos que aún no conocen a Jesucristo, para que descubran que sólo en Él somos liberados de toda forma de alienación, de extravío y de la esclavitud del pecado. Roguemos al Señor.

Después de la comunión:

Señor,
tu elección llega por caminos insospechados,
nos llamas a través de las personas
y nos llamas, sobre todo, por medio de los pobres.
Tu voz es clara, cercana y firme;
busca y espera nuestra respuesta,
una respuesta generosa, confiada y libre,
sin trabas serviles, sin miedos, sin condiciones.
¡Aquí estoy, Señor!
Quieres que sea testigo del Evangelio,
mensajero de tu Reino,
pregonero de buenas noticias,
luz encendida y sal esparcida,
levadura para su fermento
y compañero de camino.
¿Sabré responder a tu confianza? 
Gracias porque me has elegido y llamado.