II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B

Ambientación inicial:

Comenzamos el tiempo ordinario de la liturgia. El evangelio de Marcos nos va a ir llevando por la vida pública de Jesús durante todo este año. Pero este domingo, comenzamos con la vocación de los primeros discípulos narrada en el evangelio de Juan.
El Señor nos llama y nos elige a cada uno de nosotros para ser parte de su familia. Abramos el corazón a la presencia de Dios en su Palabra, en la Eucaristía y en cada uno de nuestros  hermanos, especialmente en los más frágiles.

Rito penitencial:

  • Tú, que nos llamas por nuestro nombre, respetando lo que somos. Señor, ten piedad.
  • Tú, que nos indicas el camino a seguir para que sepamos ver nuestra realidad más profunda y la de los demás. Cristo, ten piedad.
  • Tú, que nos enseñas a tejer relaciones verdaderas de fraternidad con un corazón abierto a todos. Señor, ten piedad.

Ambientación a la Palabra:

El profeta Samuel escuchó por tres veces la llamada de Dios, y al final respondió: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. También nosotros diremos en el salmo: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”.
Dios sigue llamándonos cada día, como hizo Jesús con Andrés y Juan, en el relato que escucharemos en el evangelio: “Venid  y veréis”. Que seamos capaces de acoger su llamada y descubrirle en los hermanos y en los signos e los tiempos.

Oración de los fieles, respondemos: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”

  • Por la Iglesia, para que sea siempre hogar de acogida. Que los pequeños, los débiles, los que menos cuentan, los inmigrantes, encuentren en nuestras comunidades el testimonio del amor de Dios. Oremos.
  • Por los políticos y los organismos internacionales, para que adopten todas las medidas necesarias para proteger a los emigrantes y afronten de raíz los problemas que provocan la migración. Oremos.
  • Para que el silencio de Dios en este tiempo de pandemia sirva de interpelación para que el mundo se pregunte sobre el sentido de nuestro modo de vivir. Oremos.
  • Para que las parroquias y comunidades que han perdido su vitalidad la recuperen y sean portadoras de una nueva forma profética de acogida y llamada a una nueva humanidad. Oremos
  • Para que el Señor acoja en su paz a quines ya fallecieron y los que morirán en soledad a causa de la pandemia. Oremos.
  • Por todos nosotros aquí reunidos, para que experimentemos el encuentro con Jesús que transforme nuestras vidas. Oremos.

Después de la comunión:
Hace millones y millones de años, Señor,
que andas por el mundo, por nuestras calles,
por nuestros negocios y cuidados.
Pero no sabemos escucharte.
Y, en estos momentos de pandemia,
en nuestra incertidumbre y perplejidad,
necesitamos escuchar tu palabra donde quiera que sea
para saber que no nos dejas con nuestras soledades.
Abre, Señor, nuestros oídos 
para encontrarte donde estés,
esperándonos en tu silencio,
seguro como estás de que algún día
abriremos por fin nuestros oídos
y encontraremos tu Palabra
como guía en el camino y brisa de esperanza.
Entre tanto, Señor, sólo pedimos
que sepamos responder a tu llamada:
“Aquí estoy, abrid vuestros oídos,
que yo os estoy esperando”.