DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO (18-X-2020)

Ambientación inicial:
Cada vez que los cristianos nos reunimos para celebrar el sacramento de la Eucaristía, nos convoca el Señor a abrir nuestra comunidad a todos nuestros hermanos y hermanas del mundo entero. Hoy, día del Domund, nos invita a compartir la alegría del Evangelio, haciendo realidad el lema de este año: “AQUÍ ESTOY, ENVÍAME”.
Pidamos al Señor que, al escuchar su Palabra y al acogerle en la Eucaristía, nos conceda afianzarnos en la fe y en el amor mutuo; que esa fe y amor se extiendan hacia todos los hombres y pueblos; y que, así, podamos hacerles partícipes de la alegría de compartir el Evangelio de Jesucristo.

Rito del perdón:

  • Porque vivimos entretenidos en mil cosas y no apostamos por aquello que es importante. Señor, ten piedad.
  • Porque ambicionamos el dinero, el poder y el prestigio y en esa ambición se nos van las fuerzas de la vida. Roguemos al Señor.
  • Porque nos falta entusiasmo en la tarea, encomendada por Jesús a su Iglesia, de anunciar el Evangelio a todos los pueblos. Señor, ten piedad.

Ambientación a la palabra:
La primera lectura, del profeta Isaías, se centra en la soberanía y unicidad de Dios como único Señor de la historia y de los pueblos. En la Carta a los Tesalonicenses, aparecen juntas la fe, la esperanza y la caridad, acompañadas de expresiones que hablan de su carácter dinámico. El evangelio sigue con el relato del ministerio de Jesús en Jerusalén después de su entrada triunfal. Para comprometerle, le preguntan qué opina sobre el pagar impuestos a los romanos o no pagar.

Lectura del libro de Isaías. Is 45, 1. 4-6

ESTO dice el Señor a su Ungido, a Ciro:
«Yo lo he tomado de la mano,
     para doblegar ante él las naciones
     y desarmar a los reyes,
     para abrir ante él las puertas,
     para que los portales no se cierren.
Por mi siervo Jacob,
     por mi escogido Israel,
     te llamé por tu nombre,
     te di un título de honor,
     aunque no me conocías.
Yo soy el Señor y no hay otro;
     fuera de mí no hay dios.
Te pongo el cinturón,
     aunque no me conoces,
     para que sepan de Oriente a Occidente
     que no hay otro fuera de mí.
Yo soy el Señor y no hay otro».

R/.   Aclamad la gloria y el poder del Señor. Sal 95, 1 y 3. 4-5. 7-8a. 9-10ac

        V/.   Cantad al Señor un cántico nuevo,
                cantad al Señor, toda la tierra.
                Contad a los pueblos su gloria,
                sus maravillas a todas las naciones.   R/.

        V/.   Porque es grande el Señor,
                y muy digno de alabanza,
                más temible que todos los dioses.
                Pues los dioses de los gentiles no son nada,
                mientras que el Señor ha hecho el cielo.   R/.
        V/.   Familias de los pueblos, aclamad al Señor,

                aclamad la gloria y el poder del Señor,
                aclamad la gloria del nombre del Señor,
                entrad en sus atrios trayéndole ofrendas.   R/.

        V/.   Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
                tiemble en su presencia la tierra toda.
                Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
                él gobierna a los pueblos rectamente».   R/.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses. 1 Tes 1, 1-5

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los Tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz.
En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones, pues sin cesar recordamos ante Dios, nuestro Padre, la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor.
Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido, pues cuando os anuncié nuestro evangelio, no fue solo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y con plena convicción.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo. Mt 22, 15-21

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta.
Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron:
«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas:
¿es lícito pagar impuesto al César o no?».
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto».
Le presentaron un denario.
Él les preguntó:
«De quién son esta imagen y esta inscripción?».
Le respondieron:
«Del César».
Entonces les replicó:
«Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

Oración de los fieles:

  • Por el papa Francisco y los obispos de la Iglesia Universal, para que su liderazgo sea de auténtico servicio y entrega a sus comunidades. Roguemos al Señor.
  • Por las autoridades del mundo, responsables del progreso y la convivencia democrática, para que les mueva la dignidad de las personas antes que el encumbramiento personal. Roguemos al Señor.
  • Por los cristianos y comunidades cristianas, para que renazca la alegría del encuentro con Jesús y el compromiso de llevar el Evangelio a los demás. Roguemos al Señor.
  • Pedimos por los misioneros y misioneras, para que su dicha sea imitar a Jesús, dándose a los demás en el servicio al Evangelio. Roguemos al Señor.
  • Por los agentes de pastoral y voluntarios de nuestra parroquia, para que no les falte nunca el don de la fortaleza y la alegría de la entrega. Roguemos al Señor.
  • Por cada uno de nosotros, que celebramos la Eucaristía para que la comunión con Jesucristo nos lleve a la comunión efectiva con los demás. Roguemos al Señor.

Después de la comunión:

Señor, ayúdame a cambiar
para cambiar el mundo.
Necesito renovar el corazón,
la mirada, mis modos de hacer,
para no terminar en un museo.
Y no es sólo renovar lo viejo:
es permitir que el Espíritu Santo
cree algo nuevo.

Señor, vacíame de mis esquemas
para hacer sitio a tu Espíritu
y dejar que sea Él
quien haga nuevas todas las cosas.
Él nos envía, nos acompaña, nos inspira;
Él es el autor de la misión,
y no quiero domesticarlo ni enjaularlo.

Haz que no tenga miedo
de la novedad que viene de Ti,
Señor Crucificado y Resucitado.
Que mi misión sea comunicar tu vida,
tu misericordia, tu santidad.
Enséñame a amar como Tú
para cambiar el mundo.