VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

Ambientación inicial:

Bienvenidos al encuentro con el Señor en el domingo, día que celebramos su Resurrección y el anticipo del Reino.
En esta asamblea festiva de la familia de Dios, manos Unidas, en su 63 Campaña Contra el Hambre en el mundo, nos invita a tener presentes a los millones de personas que la padecen y nos llama a tomar conciencia de la “desigualdad que alimenta el hambre” con el lema que acogemos: “Nuestra indiferencia los condena al olvido.

Rito del perdón
  • Tú, que eres nuestro alimento. Señor, ten piedad.
  • Tú, que eres nuestra fuerza. Cristo, ten piedad.
  • Tú, que eres nuestra esperanza. Señor, ten piedad.
Ambientación a la Palabra

La Palabra de Dios nos invita a abandonar lo que se opone a la verdadera felicidad del hombre. Escuchemos con atención su llamada a poner nuestras vidas en la alegría del Reino que nos anuncia el Señor Resucitado.

Lectura del libro de Jeremías         17, 5 – 8

Esto dice el Señor:
«Maldito quien confía en el hombre,
y busca el apoyo de las criaturas,
apartando su corazón del Señor.

Será como cardo en la estepa,
que nunca recibe la lluvia;
habitará en un árido desierto,
tierra salobre e inhóspita.

Bendito quien confía en el Señor
y pone en el Señor su confianza.

Será un árbol plantado junto al agua,
que alarga a la corriente sus raíces;
no teme la llegada del estío,
su follaje siempre está verde;
en año de sequía no se inquieta,
ni dejará por eso de dar fruto».

Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. Sal 1, 1 – 4 y 6

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento
Porque el Señor protege el camino de los justos
pero el camino de los impíos acaba mal.

Primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios          1 Cor 15, 12. 16 – 20

Hermanos:
Si se anuncia que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos de entre vosotros que no hay resurrección de muertos?
Pues si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís estando en vuestros pecados; de modo que incluso los que murieron en Cristo han perecido.
Si hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solo en esta vida, somos los más desgraciados de toda la humanidad.
Pero Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Alegraos y saltad de gozo
—dice el Señor—,
porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas            Lc 6, 17. 20 – 26

En aquel tiempo, Jesús bajó del monte con los Doce, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.
Él, levantado los ojos hacia sus discípulos, les decía:
«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.
Pero ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!
¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre!
¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas».

Oración de los fieles:
  • Por la Iglesia que anuncia la plenitud de la felicidad para los pobres y de los que sufren a causa de la injusticia. Roguemos al Señor.
  • Por los gobiernos de los pueblos, para que promuevan leyes justas priorizando el bien de las personas por encima de intereses económicos o ideológicos. Roguemos al Señor.
  • Por los que sufren la pobreza a causa de un reparto injusto de los bienes, destinados para que todos tengan una vida digna. Roguemos al Señor.
  • Por los que trabajan por establecer la paz y la justicia entre los pueblos, como Manos Unidas, para que perseveren en su labor, animados por nuestra colaboración y oración. Roguemos al Señor.
  • Por nosot5ros, que queremos vivir la felicidad evangélica, para que en nuestras opciones busquemos el bien común para crear una sociedad más fraterna. Roguemos al Señor.
Después de la comunión

“Vivamos el amor junto a los descartados”

Soñamos con una Iglesia que camina
desde Jerusalén hacia la periferia.
Soñamos con una Iglesia
que se detiene ante el herido
sin preguntar de dónde viene,
cuál es su religión, cuáles sus opiniones.
Que simplemente se detiene.

Soñamos con una Iglesia
que no se deja arrastrar por el miedo.
Está con los pequeños sin pretender que sean perfectos.
Soñamos con una Iglesia
que no se avergüence del ser humano,
que lo abraza, aunque esté contaminado.

Soñamos con una Iglesia de Iglesias.
Donde ninguno sea el primero.
Donde ninguno sea el último.
Sencillamente discípula de su Maestro.
Soñamos con una Iglesia que grita cuando grita el hombre.
Que baila cuando el hombre baila.
Que engendra cuando la mujer engendra.
Que muere cuando la mujer muere.

Soñamos con una Iglesia que sueña
el sueño de su Maestro,
que llama en medio de la noche como un niño
porque quiere que su sueño no se termine.