VI Domingo de Pascua ciclo A
Ambientación inicial:
Este domingo de Pascua nos centra en lo más importante de la vida cristiana que no es otra cosa que el amor que Dios tiene a la humanidad y que se traduce en amarnos unos a otros, es el mandamiento principal para el itinerario de nuestra fe.
Jesús nos invita a vivirlo en asamblea fraterna en este día en que la Iglesia celebra la Pascua del enfermo. Vamos a pedir por ellos y sus cuidadores, y renovaremos nuestro compromiso de cercanía y cariño. Bienvenidos
Rito del perdón:
- Porque te acuerdas de nosotros con misericordia y fidelidad. Señor, ten piedad
- Porque revelas a las naciones tu salvación. Cristo, ten piedad.
- Porque limitamos nuestro amor a los que conocemos y nos caen bien.
Señor, ten piedad.
Ambientación a la Palabra:
Las lecturas de este domingo nos invitan a crear un mundo de amor y fraternidad trabajando las relaciones entre nosotros, desde las más cercanas a las más lejanas y globales. El amor universal que atraviesa todas las realidades de la vida: la familia, los amigos, el trabajo, el vecindario, la ciudad, el mundo, es el ideal a conquistar todos los días. En este caminar no estaremos solos, Jesús nos envía el don del Espíritu Santo que permanece con nosotros, nos recuerda sus palabras y nos concede la paz.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque había oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.
Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo; pues aún no había bajado sobre ninguno; estaban solo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.
Aclamad al Señor, tierra entera.
Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!». R/.
Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R/.
Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con él.
Con su poder gobierna eternamente. R/.
Los que teméis a Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor. R/.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.
Queridos hermanos:
Glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en Cristo.
Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal.
Porque también Cristo sufrió su pasión, de una vez para siempre, por los pecados, el justo por los injustos, para conduciros a Dios. Muerto en la carne, pero vivificado en el Espíritu.
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me amáis guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».
Oración de los fieles:
- Por la Iglesia, para que seamos testimonio profético del Evangelio en la sociedad donde vivimos, y seamos buena noticia para los más frágiles. Oremos.
- Por los gobernantes de nuestro mundo y de nuestro país, para que sea el bien común lo que guíe sus decisiones. Oremos
- Por todas las personas que acuden a las cáritas parroquiales, para que sean acogidas y acompañadas en sus procesos de superación. Oremos.
- Pedimos por todos los enfermos, en especial por los de nuestra comunidad, para que nuestro corazón esté abierto a estas personas y siempre dispuestos al acompañamiento. Oremos.
- Por los voluntarios y voluntarias que trabajan en la Pastoral de la salud y por el personal sanitario, para que realicen su trabajo con generosidad y cariño. Oremos.
- Por nuestra parroquia, para que sea espacio donde arraigue el servicio voluntario y gratuito y se fomente la acogida hacia los que se acercan a ella. Oremos
Oración después de la comunión
Si crees que la sonrisa es más fuerte que las armas.
Si crees que lo que aúna a las personas
es más fuerte que lo que las separa.
Si crees que ser diferente es una riqueza, no un peligro.
Si sabes mirar a los otros con un poso de amor.
Si prefieres la esperanza a la sospecha.
Si puedes alegrarte de la alegría de tu vecino.
Si la mirada de un niño puede, todavía, desarmar tu corazón.
La Paz vendrá.
Si la injusticia que padecen los otros
te duele tanto como la que tú sufres.
Si sabes aceptar que otro te haga un servicio.
Si crees que el perdón va más allá de la venganza.
Si sabes aceptar la crítica sin defenderte.
Si crees que los demás te pueden ayudar a cambiar.
Si no te escandaliza el Evangelio.
La Paz vendrá. Si sabes acoger un punto de vista diferente al tuyo.
Si no descargas tus culpas sobre los demás.
Si el otro es para ti ante todo un hermano.
Si prefieres ser herido antes que hacer daño a nadie.
Si miras al pobre y oprimido, sin tenerte por héroe.
Si crees que el amor es la única fuerza.
Si crees que la Paz es posible…
La Paz vendrá.