EPIFANÍA DEL SEÑOR 2026
Ambientación inicial:
Celebramos con gozo el día de Reyes, la manifestación de Jesucristo, luz verdadera que brilla para todas las naciones. Los Magos de Oriente, guiados por la luz de la estrella, llegaron a Belén y reconocieron en aquel Niño al Salvador del mundo, ofreciéndoles sus dones como signo de adoración y entrega.
También nosotros venimos a su encuentro, guiados por la fe, para ofrecerle nuestros dones: nuestra vida, nuestro amor y nuestra esperanza. Que esta eucaristía nos ayude a renovar nuestra fe y a dejarnos iluminar por la luz de Cristo, que brilla en la oscuridad del mundo.
Rito del perdón:
- Tú que nos invitas a alzar nuestros ojos y mirar la Luz que nos salva. Señor, ten piedad.
- Tú, Señor, que has querido manifestarte en nuestra carne mortal. Cristo, ten piedad.
- Tú, que guías con tu estrella a los que buscan la verdad. Señor, ten piedad.
Ambientación a la palabra:
Nuestra mirada esperanzada se hace realidad, se hace presencia. Dios nos ha dado a Jesús, el Señor, en un Niño que ha nacido. Él nos trae la Salvación, nos hace caminar, reunirnos y adorar. Jesús trae igualdad y fraternidad entre todas las personas, sin exclusiones, porque es Amor para todos. Y es alegría. El Pastor del pueblo que a todos llama y acoge.
Lectura del libro de Isaías.
¡LEVÁNTATE y resplandece, Jerusalén,
porque llega tu luz;
la gloria del Señor amanece sobre ti!
Las tinieblas cubren la tierra,
la oscuridad los pueblos,
pero sobre ti amanecerá el Señor
y su gloria se verá sobre ti.
Caminarán los pueblos a tu luz,
los reyes al resplandor de tu aurora.
Levanta la vista en torno, mira:
todos esos se han reunido, vienen hacia ti;
llegan tus hijos desde lejos,
a tus hijas las traen en brazos.
Entonces lo verás y estarás radiante;
tu corazón se asombrará, se ensanchará,
porque la opulencia del mar se vuelca sobre ti,
y a ti llegan las riquezas de los pueblos.
Te cubrirá una multitud de camellos,
dromedarios de Madián y de Efá.
Todos los de Saba llegan trayendo oro e incienso,
y proclaman las alabanzas del Señor.
R/. Se postrarán ante ti, Señor,
todos los pueblos de la tierra.
Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R/.
En sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. R/.
Los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.
Los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
póstrense ante él todos los reyes,
y sírvanle todos los pueblos. R/.
Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R/
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.
HERMANOS:
Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor de vosotros, los gentiles.
Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherede-ros, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el Evangelio.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntado:
«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venidos a adorarlo».
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron:
«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:
«Y tú, Belén, tierra de Judá,
no eres ni mucho menos la última
de las poblaciones de Judá,
pues de ti saldrá un jefe
que pastoreará a mi pueblo Israel»».
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.
Oración de los fieles:
- Por la Iglesia, para que sea siempre lugar de acogida y luz que ilumine el camino que lleva al encuentro con Jesús. Oremos.
- Por la apersonas de todas las razas, culturas, nacionalidades, para que descubran a Cristo, Palabra revelada, camino de Verdad y de Vida. Oremos.
- Por los que rigen los destinos de los pueblos y las naciones, para que busquen la paz, la justicia y el bien común de las personas. Oremos.
- Por todos los que entregan su vida para anunciar la Buena Noticia del Evangelio en los lugares más remotos y son testimonio de amor y fraternidad universal. Oremos.
- Por todos nosotros, para que busquemos siempre a Jesús y le encontremos como centro de nuestra vida. Que vivamos nuestra fe sin fronteras, para Dios no las hay, abiertos a la universalidad. Oremos.
Oración después de la comunión
Señor y Padre de la humanidad,
que creaste a todos los seres humanos
con la misma dignidad,
infunde en nuestros corazones un espíritu fraternal.
Inspíranos un sueño de reencuentro,
de diálogo, de justicia y de paz.
Impúlsanos a crear sociedades más sanas
y un mundo más digno, sin hambre,
sin pobreza, sin violencia, sin guerras.
Que nuestro corazón se abra
a todos los pueblos y naciones de la tierra,
para reconocer el bien y la belleza
que sembraste en cada uno,
para estrechar los lazos de unidad,
de proyectos comunes,
de esperanzas compartidas.