V Domingo de Pascua ciclo A
Ambientación:
En este quinto domingo de Pascua, Jesús Resucitado sale a nuestro encuentro y nos consuela diciendo: “No se turbe vuestro corazón”. Él conoce nuestras inquietudes y cansancios, y nos recuerda que no caminamos solos, porque Él mismo es el camino que nos conduce al Padre. Confiados en su amor, dispongámonos a celebrar esta Pascua que sigue dando vida.
Hoy, pediremos de manera especial por los que no disponen de un trabajo digno o simplemente carecen de él.
Rito del perdón:
- Señor, Tú que abres nuevos caminos a la Iglesia. Señor, ten piedad.
- Cristo, Tú que nos muestras que eres el Camino, la Verdad y la Vida. Señor, te piedad.
- Señor, Tú que nos invitas a salir a los caminos a anunciar el Reino. Señor, ten piedad.
Ambientación a la Palabra
En la primera lectura, vemos a la comunidad cristiana que, guiada por el Espíritu, se organiza para que el servicio y la caridad lleguen a todos. En la segunda lectura, el apóstol Pedro nos recuerda que todos estamos llamados a ser piedras vivas, formando un edificio espiritual. En el evangelio, Jesús nos consuela y nos anima a no tener miedo, porque él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles Hch 6, 1 – 7
EN aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas. Los Doce, convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron:
«No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto, hermanos, es-coged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra».
La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo; a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.
La palabra de Dios iba creciendo y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.
R/. Que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.
La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.
Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.
Lectura de la carta del apóstol san Pedro. 1Pe 2, 4 – 9
QUERIDOS hermanos:
Acercándoos al Señor, piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo.
Por eso se dice en la Escritura:
«Mira, pongo en Sion una piedra angular,
elegida y preciosa;
quien cree en ella no queda defraudado».
Para vosotros, pues, los creyentes, ella es el honor, pero para los incrédulos «la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular», y también «piedra de choque y roca de estrellarse»; y ellos chocan al despreciar la palabra. A eso precisamente estaban expuestos.
Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa.
Lectura del santo Evangelio según san Juan Jn 14, 1 – 12
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo di ces tú: «Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre».
Oración de los fieles:
R/. “Señor resucitado, haznos constructores de vida”
- Por la Iglesia, para que sea signo de comunión, apertura y servicio humilde, construida con piedras vivas comprometidas con la justicia. Oremos.
- Por los pueblos que sufren desigualdades, guerras, desplazamientos, para que la fuerza de la Pascua haga surgir caminos de diálogo y de paz. Oremos.
- Por los que trabajan en proyectos sociales, educativos y solidarios, para que no se desanimen y encuentren apoyo en su servicio. Oremos.
- Por los jóvenes, para que encuentren en Cristo un camino seguro que les conduzca a decisiones valientes. Oremos.
- Para que todas las personas puedan contar con un empleo digno, un trabajo que les garantice poder vivir con dignidad. Oremos.
- Por nuestra comunidad, para que sepamos construir relaciones sanas, justas y fraternas, siendo signos de la Pascua en el mundo. Oremos.
Oración después de la comunión:
Señor Jesús,
te pedimos por quienes viven la incertidumbre
del desempleo o del trabajo precario.
Sostén su esperanza y abre caminos nuevos.
Haz de nuestras comunidades
lugares de acogida y acompañamiento,
donde sepamos escuchar, apoyar
y abrir oportunidades para quienes más lo necesitan.
Que nuestras manos y nuestras y nuestras decisiones
ayuden a construir una sociedad
donde el trabajo sea fuente de dignidad y de vida.
Porque sabemos que
tener un empleo digno empieza aquí,
cuando caminamos junta y juntos
y abrimos puertas a la esperanza. Amén.