Jueves santo ciclo B-2024

Ambientación inicial:

La celebración del Jueves Santo es la Puerta de entrada al Triduo Pascual, en el que la Iglesia hace memoria de la muerte y resurrección del Señor. Jesús va a pasar de este mundo al Padre amando a los suyos hasta el extremo. A partir de este momento, la celebración de la Eucaristía será la Nueva Pascua cristiana. Jesús dijo: “Haced esto en memoria mía”. Y nosotros lo repetimos para que esté en medio de la comunidad y sigamos su ejemplo de servicio humilde, sencillo, atento y personal.

Rito del perdón:

  • Tú, que vuelves a pasar por nuestras vidas para salvarnos. Señor, ten piedad.
  • Tú, que nos llevas a preguntarnos cómo podremos pagarte todo el bien que nos haces. Cristo, ten piedad.
  • Tú, que nos dijiste lavaros los pies unos a otros. Señor, ten piedad.

Ambientación a la palabra:

La Palabra de hoy nos invita a hacer memoria del paso de Dios por nuestra historia personal y colectiva; la Pascua de Israel y la Pascua cristiana. No son dos Pascuas, sino una sola, porque no hay dos salvaciones, sino una única salvación. Israel come el cordero pascual en la noche de su liberación; Jesús es el verdadero cordero pascual que se entrega por nosotros. Una entrega que comienza ya en el servicio radical a los hermanos.

Lectura del libro del Éxodo

EN aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:
Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de los hijos de Israel: «El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino más próximo a su casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año; lo escogeréis entre los corderos o los cabritos.
Lo guardaréis hasta el día catorce del mes y toda la asamblea de los hijos de Israel lo matará al atardecer». Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa don- de lo comáis. Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, y comeréis panes sin fermentar y hierbas amargas.
Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el Paso del Señor.
Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor.
La sangre será vuestra señal en las casas donde habitáis. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga exterminadora, cuando yo hiera a la tierra de Egipto.
Este será un día memorable para vosotros; en él celebraréis fiesta en honor del Señor. De generación en generación como ley perpetua lo festejaréis.

R/.      El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando el nombre del Señor. R/

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas. R/.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando el nombre del Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R/.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos:
Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo:
«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía».
Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:
«Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía».
Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

 Lectura del santo Evangelio según san Juan

Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando; ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregar lo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y este le dice:
«Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?».
Jesús le replicó:
«Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde».
Pedro le dice:
«No me lavarás los pies jamás».
Jesús le contestó:
«Si no te lavo, no tienes parte conmigo».
Simón Pedro le dice:
«Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza».
Jesús le dice:
«Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos».
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo:
«No todos estáis limpios».
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:
«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis».

Lavatorio de los pies:

Durante la Cena, como nos cuenta el evangelista Juan, Jesús lavó los pies a sus discípulos. Con este gesto, quiso dejar claro que el servicio debe acompañar a sus seguidores; que no puede separarse de la Eucaristía. Comulgar con Cristo ha de llevarnos a servir a los hermanos, a darnos plenamente.

Oración de los fieles:

  • Pedimos por todos los que formamos la Iglesia, para que en esta Semana Santa renovemos nuestra fidelidad al Evangelio, y vivamos amando y sirviendo a nuestro prójimo. Roguemos al Señor.
  • Pedimos por los sacerdotes, para que al presidir la Eucaristía, arraigue en ellos el deseo y el vigor de querer ser en su vida “pan partido” para los demás. Roguemos al Señor.
  • Pedimos para que en este día del amor fraterno, el Pan que da vida, nos alimente y dé fuerzas para que renunciando al individualismo, convirtamos nuestra vida cotidiana en un servicio amoroso, Roguemos al Señor.
  • Pedimos por los gobernantes, para que vivan al servicio del bien común de todos los ciudadanos, y hagan políticas que ayuden a salir de la pobreza y la exclusión a los más desfavorecidos. Roguemos al Señor.
  • Pedimos por el voluntariado de Cáritas, expresión del amor fraterno, para que sigan testimoniando el evangelio de la caridad. Roguemos al Señor.
  • Por todos nosotros, para que aprendamos a servirnos unos a otros con amor y humildad. Roguemos al Señor.

Traslado al monumento.

Jesús se queda con nosotros en la Eucaristía. Él es el verdadero cordero Pascual. Contemplando a Jesús Eucaristía, contemplamos el misterio del Dios amor. Aprendamos de Él a permanecer donde se nos necesita, y a trabajar con los que se implican por los demás y están dispuestos a dar la vida por los hermanos.