Domingo XII del Tiempo Ordinario ciclo A
Ambientación inicial:
La eucaristía es el principal punto de encuentro de la comunidad cristiana y es el espacio donde se manifiesta la verdadera unidad de la Iglesia. Cada domingo somos convocados a escuchar la Palabra y a acrecentar nuestra comunión con Dios y con los hermanos. Dispongámonos a participar activamente en esta celebración. Bienvenidos.
Rito del perdón:
- Tú solo tienes palabras de vida eterna. Señor, ten piedad.
- Tú que nos enseñas a confiar en Dios. Cristo, ten piedad.
- Tú que nos das la fuerza para vencer las dificultades. Señor, ten piedad.
Ambientación a la Palabra:
Jesús envía a sus discípulos a anunciar la buena noticia del reino con palabras y con signos. Ellos actúan en su nombre, como los antiguos profetas lo hacían en nombre de Dios. Pero esta actividad tiene también sus riesgos. Jesús les advierte para que no teman y sean valientes en manifestar su fe en medio de la incomprensión y el rechazo. Las dificultades y los peligros forman parte de la experiencia del discípulo del mismo modo que de la del maestro.
Lectura del libro de Jeremías.
DIJO Jeremías:
«Oía la acusación de la gente:
«Pavor-en-torno,
delatadlo, vamos a delatarlo».
Mis amigos acechaban mi traspié:
«A ver si, engañado, lo sometemos
y podemos vengarnos de él».
Pero el Señor es mi fuerte defensor:
me persiguen, pero tropiezan impotentes.
Acabarán avergonzados de su fracaso,
con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor del universo, que examinas al honrado
y sondeas las entrañas y el corazón,
¡que yo vea tu venganza sobre ellos,
pues te he encomendado mi causa!
Cantad al Señor, alabad al Señor,
que libera la vida del pobre
de las manos de gente perversa».
R/. Señor, que me escuche tu gran bondad
Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre.
Porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R/.
Pero mi oración se dirige a ti,
Señor, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí. R/.
Miradlo, los humildes, y alegraos;
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas. R/.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.
HERMANOS:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron…
Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir.
Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.
Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la «gehenna». ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones. A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».
Oración de los fieles:
- Por la Iglesia, para que en todo momento y circunstancia proclame con valentía el Evangelio del Reino. Roguemos al Señor.
- Por los niños y jóvenes, que comienzan sus vacaciones, para que el verano no sea una pérdida de tiempo, sino oportunidad para el encuentro y el diálogo con los más cercanos. Roguemos al Señor.
- Para que escuchemos el clamor de los pobres y descartados, y descubramos en ellos los predilectos de Dios. Roguemos al Señor.
- Por los que rigen los destinos del mundo, para que, con sus decisiones, busquen decididamente la justicia y la paz. Roguemos al Señor.
- Por nuestra comunidad cristiana, para que nos ayudemos unos a otros a dar testimonio de Cristo en el mundo. Roguemos al Señor.
Oración después de la comunión:
Todos y cada uno de los que estamos aquí
participamos del carácter profético de Cristo.
Estamos llamados, estoy llamado, a ser profetas.
Gracias, porque has puesto en mí
un instinto para la verdad del Evangelio,
me has hecho partícipe de la naturaleza divina
y, por eso, sé que no alcanzaré la felicidad,
si doy la espalda a esa realidad que me constituye.
Tú me enseñas que las dificultades del camino,
más que obstáculos paralizantes,
pueden llegar a ser
esa experiencia profunda que me identifica contigo,
me hace abrazar tu causa,
experimentar tu compañía
y gozar de tu presencia y tu amistad.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí.
Que me escuche tu gran bondad. Amén.