Domingo XVIII del Tiempo Ordinario ciclo A

Ambientación inicial:

Bienvenidos a la Eucaristía en el día el Señor. Creemos en Jesús. Él nos reúne. EL encuentro con Cristo nos da la vida. Él se nos da como alimento, como pan vivo que nos hace vivir de forma nueva nuestra vocación de hijos de Dios y hermanos.
La Eucaristía es una exigencia de vida cristiana, una aspiración a los bienes profundos, una cosecha: la de Cristo, síntesis de todo que está en todos.

Rito del perdón:

  • Tú que eres la novedad de Dios y nos renuevas con tu amor. Señor, ten piedad.
  • Tú que eres el pan de vida, memoria del amor de Dios. Cristo, ten piedad.
  • Tú que nos llamas a compartir lo que somos y tenemos. Señor, ten piedad.

Ambientación a la Palabra:

En el libro de profeta Isaías se nos invita a buscar los bienes que verdaderamente nos satisfacen, que nos ayudan a ser nosotros mismos. San Pablo, en la segunda carta, presenta un canto maravilloso sobre el amor de Dios. En el evangelio, Jesús utiliza su poder para satisfacer la necesidad del pueblo.

Lectura del libro de Isaías.

ESTO dice el Señor:
«Oíd, sedientos todos, acudid por agua;
venid, también los que no tenéis dinero:
comprad trigo y comed, venid y comprad,
sin dinero y de balde, vino y leche.
¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta
y el salario en lo que no da hartura?
Escuchadme atentos y comeréis bien,
saborearéis platos sustanciosos.
Inclinad vuestro oído, venid a mí:
escuchadme y viviréis.
Sellaré con vosotros una alianza perpetua,
las misericordias firmes hechas a David».

R. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente. R/.

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones.
Cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R/.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

HERMANOS:
¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados.
Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle:
«Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida».
Jesús les replicó:
«No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».
Ellos le replicaron:
«Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».
Les dijo:
«Traédmelos». Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Oración de los fieles:

  • Por la Iglesia, para que sepa saciar el hambre de Dios y el hambre de pan de todos los seres humanos. Roguemos al Señor.
  • Para que los gobernantes de todas las naciones busquen el bien común y sus esfuerzos lleguen especialmente a los más necesitados. Roguemos al Señor.
  • Por todos los que sufren en su cuerpo o en su espíritu, por quienes se sienten abandonados, o sin esperanza, para que descubran el amor y la cercanía del Señor por medio del testimonio de los cristianos. Roguemos al Señor.
  • Para que el testimonio de los que luchan desinteresadamente por conseguir que el pan de todos esté mejor repartido, atraiga a otros a colaborar en la misma causa. Roguemos al Señor.
  • Para que la celebración eucarística aumente en nosotros la capacidad de ser don y vida para todos los que nos rodean. Roguemos al Señor.

Oración después de la comunión:

Pan para saciar el hambre de todos.
Amasado despacio,
cocido en el horno de la verdad hiriente,
del amor auténtico,
del gesto delicado.
Pan partido,
multiplicado al romperse,
llegando a más manos,
a más bocas,
a más pueblos,
a más historias.
Pan bueno
vida para quien yace en las cunetas
y para quien dormita
ahíto de otros manjares,
si acaso tu aroma
despierta en él la nostalgia
de los cierto.
Pan cercano,
en la casa que acoge
a quien quiera compartir un relato,
un proyecto, una promesa.
Pan vivo, cuerpo de Dios,
alianza inmortal,
que no falte en todas las mesas.