II Domingo de Pascua ciclo A

Ambientación inicial:

Bienvenidos a la celebración eucarística de este segundo domingo de Pascua, también llamado de la Misericordia. La liturgia nos invita a contemplar el gran don de la misericordia de Dios, manifestada en Cristo resucitado. Como a los apóstoles y a Tomás, Él se hace presente en medio de nosotros, nos ofrece su paz y nos fortalece en la fe.

Rito del perdón:

  • Tú, que venciste a la muerte y al pecado y nos regalas una vida nueva. Señor, ten piedad.
  • Tú, que te haces presente en medio de la comunidad y nos ofreces tu paz, aun en nuestras dudas y temores. Cristo, ten piedad.
  • Tú, que nos llamas a creer y a ser testigos de tu misericordia en el mundo. Señor, ten piedad.

Ambientación a la Palabra;

El libro de los Hechos nos presenta el testimonio de la primera comunidad cristina, unida en la fe, en la oración y en la fraternidad. En la segunda lectura, el apóstol Pedro, nos anima a dar gracias a Dios, que por la resurrección de Jesucristo nos ha hecho renacer a una esperanza viva. El Evangelio nos sitúa en el encuentro del resucitado con sus discípulos, reunidos en comunidad y marcados por el miedo y la incertidumbre.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles

Los hermanos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones.
Todo el mundo estaba impresionado, y los apóstoles hacían muchos prodigios y signos. Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando.

R/. Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los que temen al Señor:
eterna es su misericordia. R/.

Empujaron y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos. R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Este es el día que hizo el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R/.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesucristo, que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva; para una herencia incorruptible, intachable e inmarcesible, reservada en el cielo a vosotros, que, mediante la fe, estáis protegidos con la fuerza de Dios; para una salvación dispuesta a revelarse en el momento final. Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe: la salvación de vuestras almas.

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la victima
propicia de la Pascua

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es Vida,
triunfante se levanta

¿Qué has visto de camino,
María en la mañana?
A mi Señor glorioso
La tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortajas.
¡Resucitó de veras
Mi amor y mi esperanza!.

Venid a Galilea,
all el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
La Gloria de la Pascua

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que está el Resucitado;
la muerte en ti no manda

Rey vencedor apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
yn tu victoria santa

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estando otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».
Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás:
«¡Señor mío y Dios mío!».

Oración de los fieles, respondemos: “Jesús resucitado, aumenta nuestra fe”.

  • Por la Iglesia, para que sea siempre espacio de misericordia, encuentro y apertura para quienes buscan sentido a su existencia. Oremos.
  • Por los pueblos que sufren violencia o pobreza, para que la Paz del Resucitado, renueve sus caminos. Oremos.
  • Por quienes atraviesan dudas, heridas o falta de fe, para que encuentren acompañamiento sincero en la comunidad. Oremos.
  • Por los enfermos, ancianos y quienes viven en soledad, para que experimenten el consuelo y cercanía fraterna. Oremos.
  • Por nuestra comunidad, para que la Pascua renueve nuestro compromiso solidario con la justicia, la verdad y la vida. Oremos.
  • Pedimos la Señor para que la visita del Papa a este país, nos ayude a todos, Iglesia y sociedad, a superar la polarización, que divide y enfrenta y construyamos relaciones de fraternidad. Oremos.

Oración después de la comunión:

Jesús resucitado,
que sienta la paz que me muestras y derramas
en cada instante de mi vida.
Esa Paz que no puede dar el mundo.
Que no se cierren mis puertas por el miedo.
Que me aferre al Espíritu que me regalas,
para vivir intensamente
el compromiso de sentirme mirado por ti,
amado por ti, llamado por ti, enviado por ti.
Señor mío y Dios mío,
perdona mis debilidades, mis dudas mis temores,
porque aun siendo a veces como Tomás,
deseo buscarte, estar contigo,
escucharte, servirte…
Porque, aunque me encierre en mis silencios
o en mis ruidos,
en mis comodidades o en mis ocupaciones….
Tú sabes cómo entrar en mi vida,
cómo hacerla distinta,
como insuflar aire en mis vacíos.
Que la fuerza de la Resurrección me alcance,
impulse mi Fe, mi permanencia en Ti
y aliente mi compromiso por servirte.