DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO -2026-

 

Ambientación inicial:

Bienvenidos a la celebración. Hoy escucharemos a Jesús la historia de unos labradores que eligieron la violencia antes que la gratitud, la avaricia antes que el trabajo, la maldad sobre el bien. En el mundo hay personas violentas, personas que se creen por encima de todo, que sólo miran su beneficio. Pero hoy, desde nuestra Parroquia, queremos apostar por nuestro compromiso por el Reino de Dios, por cuidar este mundo, por hacerlo una casa para todos.

Rito del perdón:

  • Por no cuidar con esmero la viña que el Señor dejó a nuestro cargo. Señor, ten piedad.
  • Por las veces que la avaricia nos puede. Cristo, ten piedad.
  • Por las veces que actuamos sin asumir la responsabilidad de nuestros actos. Señor, ten piedad.

Ambientación a la Palabra

La primera lectura, del profeta Isaías, es una invitación a la conversión del pueblo para que dé frutos abundantes. San Pablo, en la segunda lectura, no presenta una instrucción doctrinal, sino una forma de vivir, que se va adquiriendo progresivamente. Jesús, en la historia de la viña, condena la conducta de los sumos sacerdotes y ancianos de su propio tiempo.

Primera Lectura: Isaίas 5, 1-7

Voy a cantar, en nombre de mi amado,
una canción a su viña.
Mi amado tenía una viña
en una ladera fértil.
Removió la tierra, quitó las piedras
y plantó en ella vides selectas;
edificó en medio una torre
y excavó un lagar.
Él esperaba que su viña diera buenas uvas,
pero la viña dio uvas agrias.

Ahora bien, habitantes de Jerusalén
y gente de Judá, yo les ruego,
sean jueces entre mi viña y yo.
¿Qué más pude hacer por mi viña,
que yo no lo hiciera?
¿Por qué cuando yo esperaba que diera uvas buenas,
las dio agrias?

Ahora voy a darles a conocer lo que haré con mi viña;
le quitaré su cerca y será destrozada.
Derribaré su tapia y será pisoteada.
La convertiré en un erial,
nadie la podará ni le quitará los cardos,
crecerán en ella los abrojos y las espinas,
mandaré a las nubes que no lluevan sobre ella.

Pues bien, la viña del Señor de los ejércitos
es la casa de Israel,
y los hombres de Judá son su plantación preferida.
El Señor esperaba de ellos que obraran rectamente
y ellos, en cambio, cometieron iniquidades;
él esperaba justicia
y sólo se oyen reclamaciones.

Salmo Responsorial:  Sal 24, 4-5. 6-7. 8-9

R/ Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna.

Señor, enséñame tus caminos,

instrúyeme en tus sendas,

haz que camine con lealtad; enséñame,

porque tú eres mi Dios y Salvador,

y todo el día te estoy esperando.

R/ Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna.

Recuerda, Señor,

que tu ternura y tu misericordia son eternas;

no te acuerdes de los pecados

ni de las maldades de mi juventud;

acuérdate de mí con misericordia,

por tu bondad, Señor.

R/ Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna.

El Señor es bueno y es recto

y enseña el camino a los pecadores;

hace caminar a los humildes con rectitud,

enseña su camino a los humildes.

R/ Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna.

 

Segunda Lectura: Flp 2, 1-11

Hermanos:

Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir.

No obréis por rivalidad ni por ostentación, considerando por la humildad a los demás superiores a vosotros. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás.

Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.

El cual, siendo de condición divina,

no retuvo ávidamente el ser igual a Dios;

al contrario, se despojó de sí mismo

tomando la condición de esclavo,

hecho semejante a los hombres.

Y así, reconocido como hombre por su presencia,

se humilló a sí mismo,

hecho obediente hasta la muerte,

y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todo

y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre;

de modo que al nombre de Jesús

toda rodilla se doble

en el cielo, en la tierra, en el abismo,

y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor,

para gloria de Dios Padre.

 

 Aleluya

Mis ovejas escuchan mi voz -dice el Señor-

Y yo las conozco, y ellas me siguen

 

Evangelio: Mt 21, 28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos.

Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue.

Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.

¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?».

Contestaron:

«El primero».

Jesús les dijo:

«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

 

Oración de los fieles:

  • Por la Iglesia, para que en medio de la sociedad sea signo del amor gratuito y fiel de Dios. Roguemos al Señor.
  • Por toda la humanidad, para que usemos de forma fraterna y responsable el don de la libertad, que Dios nos ha dado. Roguemos al Señor.
  • Por todos los grupos parroquiales, niños, jóvenes, adultos y mayores. que la próxima semana, comienzan una nueva etapa, para que lo hagan con ilusión y el compromiso de caminar unidos. Roguemos al Señor.
  • Por los que padecen hambre, violencia y exclusión, para que tengan cerca personas e instituciones que actúen decididamente por solucionar esas situaciones de sufrimiento. Roguemos al Señor.
  • Por quienes se comprometen con los que sufren y pasan necesidad, para que encuentren nuestro apoyo y colaboración. Roguemos al Señor.
  • Por todos los que formamos esta comunidad, para que asumamos como modo de vida las palabras, los sentimientos y acciones de Jesús. Roguemos al Señor.

 

Oración después de la comunión:

Señor, tú siempre nos esperas,

nos llamas a volver a Ti.

Pues tu amor no tiene fecha de caducidad,

y no quieres que ninguno de tus hijos se pierda,

sino que vivamos en tu presencia y gocemos con tu salvación.

 

Gracias, Padre.

Cada día nos regalas una nueva oportunidad

para convertirnos a Ti.

Que podamos vivir desde tu amor

siendo signo visible y permanente de tu misericordia sin fin.

 

Señor nuestro,

ayúdanos a creer en tu Hijo Jesús,

a decirle cada día Sí,

acogiendo con docilidad su Palabra,

y amando a las personas que pones en nuestra vida.

Que la fe en tu Hijo oriente nuestro sentir y pensar,

nuestro decir y actuar.